Sábado 3 de Dic de 2016 | 20:53 |

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Los jóvenes marcan la agenda de la democracia

Más de 13 mil jóvenes de toda la provincia de Buenos Aires empezaron protagonizan el XV encuentro de cierre del programa de la Comisión Provincial por la Memoria. 

1.070 equipos de investigación que construyen, desde sus barrios, escuelas y ciudades, la agenda de la democracia: políticas de memoria, Malvinas, transformaciones económicas, violencia de género, identidad, ambiente digno, violencia institucional. "Siempre tenemos la obligación con nuestro pueblo y siempre en los pueblos hay capacidad de resistencia para construir una sociedad mejor", los alentó el Nobel de la Paz y presidente de la CPM, Adolfo Pérez Esquivel.
 
Un año atrás, El 8 de noviembre de 2015, el mismo día en que ellos viajaban hacia Chapadmalal, un compañero era asesinado por una banda narco que, en connivencia con las fuerzas policiales, opera en el barrio. Ahora, noviembre de 2016, los chicos y chicas de la EES N 152 de González Catán se acercan al micrófono y piden justicia por José y “por todas las familias que están esperando justicia. No queremos más pibes muertos”, dicen con la voz quebrada. Transas, policías y políticos en el barrio González Catán es una producción de denuncia, de resistencia. También es una forma de recordar a un amigo.
 
Los jóvenes que participan del programa de la Comisión Provincial por la Memoria siempre  dicen que este encuentro en Chapadmalal es un espacio de aprendizaje que no sólo tiene que ver con nuevos saberes sino con las emociones; encontrase con el otro para construir una sociedad mejor, más democrática, más igualitaria. “El compromiso colectivo por los derechos humanos es un acto político de la democracia, porque sólo la plena vigencia de los derechos humanos garantiza la democracia”, señaló Sandra Raggio, directora general de la CPM.
 
“Somos miles de pibes que luchamos por nuestros derechos y reclamamos el protagonismo que nos corresponde”, aseguran los chicos y chicas del Centro Comunitario El Transformador de Morón. En Chapadmalal, ellos son los protagonistas. En los primeros días, ya pasaron más de 5 mil jóvenes de distintas ciudades de la provincia de Buenos Aires y barrios de Capital Federal; en total, hasta el 6 de diciembre, más de 13 mil llegarán al complejo turístico. Como cada año, la convocatoria a Jóvenes y Memoria no para de crecer: 15 años sumando encuentros y voluntades.
 
“Este es un espacio de ejercicio de derechos, de participación, de intervención en el territorio. Es un encuentro de la diversidad con un mismo piso: la defensa de los derechos humanos y el compromiso con la democracia”, expresó Raggio.
 
Participación, política y democracia
En estos primeros días del XV encuentro de cierre del programa Jóvenes y Memoria, unas 400 escuelas y organizaciones sociales, culturales y políticas presentaron sus investigaciones que, en clave pasado-presente, recuperan el lema de esta convocatoria “El camino de la democracia es la lucha por los derechos” y marcan la agenda política del presente. Esa agenda de temas, problemas y actores que se renueva cada año con nuevas preguntas, con nuevas demandas y nuevas miradas.
 
“Nosotros la alquilamos para que funcione como centro comunitario, se fue arreglando de a poco, se hizo un comedor, se abrió al barrio para los vecinos”, dicen Rocío, Daniela y Elías. La historia es del Centro Comunitario El Transformador, el espacio funciona como un centro recreativo para los pibes de Haedo y Morón. Y también funciona como un centro de noche para albergar a las personas en situación de calle, violencia y vulnerabilidad social.
 
La casona, además, tiene una particularidad: fue la casa del ex gobernador Manuel Fresco. En la ficción que presentaron en el Encuentro de Chapadmalal, Fresco dialoga con Rocío, Daniela, Elías y los pibes y pibas de El Transformador. Los jóvenes cuentan la historia de cómo la casa fue puesta en funcionamiento, de los intentos de desalojo, y de la posibilidad que cierre en diciembre porque el Municipio no les aporta ningún subsidio desde hace más de dos años. La experiencia del centro comunitario es una de las tantas historias de organización que surgen cuando el Estado no garantiza los derechos de las niñas, niños y adolescentes. 
 
La democracia tiene vastas experiencias de organización social. Durante el 2001, los piquetes se extendieron como una herramienta de lucha que, ante el repliegue del Estado, fue reconocida por amplios sectores de la sociedad. A 15 años de la crisis, los jóvenes de la EES N 8 de Claypole decidieron repensar el movimiento piquetero desde el rol de la mujer: “La sociedad todavía no reconoce la participación de las mujeres, incluso en las mismas familias piqueteras. Esas desigualdades comprobamos que también se dan hacia el interior del movimiento”, observan. Y señalan también como se van transformando y actualizando los recorridos de la lucha: “Salieron a la calle por la necesidad de comer y, ahora, salen a reclamar por sus derechos, denunciar la violencia de género y alzar la voz propia”.
 
Los jóvenes de la EES N 143 de Gregorio Laferrère llegaron al complejo turístico de Chapadmalal con una olla gigante, recogieron unos leños y prendieron un fuego para calentar el mate cocido; la intervención en el espacio recoge las prácticas piqueteras y, al mismo tiempo, es una forma de convocar a la presentación de su trabajo Humo negro II.
 
No es la única, durante días, las paredes de los hoteles se llenan de pancartas y carteles que invitan a conocer otros trabajos: violencia de género, diversidad, Malvinas, discriminación, salud. Una diversidad y profundidad de temas y miras que se plasman en documentales, ficciones, obras de teatro, murales, instalaciones y música. Detrás de cada una de esas presentaciones, hay una historia, un desaparecido, un pibx muerto por las fuerzas de seguridad, un barrio, una escuela.
 
Esta edición de Jóvenes y Memoria, además, se enmarca en una campaña contra la violencia machista. En Argentina ocurre un femicidio cada 30 horas, la muerte de mujeres es el último eslabón de una larga cadena de violencias y desigualdades. “Nos costó mucho decidir el tema, pensamos en el aborto, el maltrato a la mujer y terminamos investigando la trata en nuestra zona”, dicen los estudiantes de la EES N 22 de Monte Grande, Esteban Echeverría.
 
“El intendente fue a la escuela y dijo que hacía años que no había casos de trata acá y entrevistamos a las madres víctimas de trata y hablamos con Silvia que dos de sus hijas fueron secuestradas. Milagros primero, luego su hermana. Ellas ahora están en un centro de rehabilitación y Silvia recibe amenazas constantes. En esto está involucrada la policía y la política”, afirman Jazmín, Brisa, Andrea, Sofía, Ailén, Agustín, Mauro, Sasha y Nicolás. En reiteradas oportunidades, la CPM denunció que las policías administran el delito y manejan las cajas de la recaudación ilegal, ese es uno de los rasgos principales de las políticas criminales en materia de seguridad.
 
El pasado que no pasa
A 40 años del Golpe de Estado, la dictadura  sigue interpelando a los jóvenes. En la puerta del Hotel 7, hay una hoja tamaño oficio con las caras de Silvia Múñoz y Gastón Larrieu y sus historias; Silvia fue secuestrada en diciembre de 1976, estaba embarazada de pocos meses. Un tiempo después también fue secuestrado Gastón; ambos permanecen desaparecidos y la hija de ellos todavía no recuperó su identidad.
 
Leda Barreiro es la mamá de Silvia y es la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo-Mar del Plata. “Leda nos dijo que los jóvenes somos el futuro nosotros tenemos el deber de mantener la lucha de ellos”, cuentan los chicos y chicas de la ESB N 76 Mar del Plata. Presentaron un trabajo de investigación sobre el represor Juan Miguel Wolk, uno de los jefes del Pozo de Banfield, centro clandestino de detención donde nació la nieta de Leda.
 
El represor está condenado por delitos de lesa humanidad; sin embargo, a comienzos de este año, la justicia federal le otorgó la prisión domiciliaria. “Con este trabajo, buscamos generar conciencia, para que los vecinos sepan que tienen viviendo entre ellos a un genocida”, explican Leila, Candela, Ariana, Brisa, Florencia, Luciano. Y agregan: “La domiciliaria es un premio que le dan. Queremos que esté preso. Tiene que pagar su condena y tiene que hablar para dar a conocer el paradero de la nieta de Leda”.
 
En los últimos meses, decenas de represores fueron beneficiados con esta medida; estos fallos judiciales —que contradicen los principios democráticos— generaron, inmediatamente, el repudio de toda la sociedad. La CPM sostuvo, en este tiempo, que la domiciliaria para genocidas era un acto de impunidad.
La cárcel común para los represores es una de las consignas que, actualmente, movilizan a los organismos de derechos humanos y a las organizaciones sociales, culturales y políticas. Otra de esas banderas es la resignificación de los espacios del terrorismo de Estado. En la provincia de Buenos Aires, hubo más de 230 CCD; sin embargo, muy pocos fueron recuperados como sitios de memoria, mucho de ellos, un 20%, no han sido localizados.
 
Uno de esos casos es La 205. “Todavía no se pudo determinar con exactitud dónde funcionó; existen, a partir de los relatos de las víctimas, algunas variaciones sobre la ubicación. Sin embargo, hay ciertos indicios que apuntarían hacia un edificio instalado en un predio privado, que pertenece a la firma Transradio Internacional que, durante la dictadura, correspondía a la Policía de Buenos Aires. Las características del lugar, la arquitectura del edificio, las distancia con respecto a determinados puntos de tránsito están en consonancia con el relato de  tres ex detenidas-desaparecidas”, consideran los integrantes de la JP Peronismo militante de Esteban Echeverría. En ese distrito, funcionaron cuatro CCD: la 205, la Comisaría 1º de Monte Grande, el Centro de Instrucción Profesional de Aeronáutica (Cipra)  y la Unidad Penal de Mujeres de Ezeiza. Sólo la Comisaría de Monte Grande está señalizada.
 
La puesta en valor de los sitios de memoria forma parte de las políticas reparatorias que tiene como actor central a las organizaciones sociales; son esos referentes territoriales de la sociedad civil los que activan las memorias locales. Los jóvenes de la EES N 4 de Ingeniero Maschwitz presentaron en el XV encuentro en Chapadmalal un proyecto que recupera la vida de Tilo Wenner, periodista y poeta de Escobar desaparecido por la dictadura militar. “Es importante rescatar su historia porque era un periodista comprometido con las causas populares”, dicen.
 
El 25 de marzo de 1976 se presentó en la Comisaría, no entendía porque un día antes lo habían ido a buscar. “Un testigo lo vio entrar en una habitación de la Comisaría junto a Patti. Esa fue la última vez que lo vieron. El 26 su cuerpo aparece calcinado a la veda del río Luján, junto al cadáver de otros tres periodistas”, cuentan Lucía, Sofía, Santiago, Alex, Liz y Ian. Patti está condenado a perpetua en dos causas, pero no por la responsabilidad en la muerte de Tilo.
 
En este encuentro, la memoria se despliega como una acción reparatoria y también como definición pedagógica para pensar las violaciones a los derechos humanos del presente. En ese vínculo pasado-presente, las investigaciones, de cada uno de los más de mil equipos de trabajo que se presentaron en la convocatoria 2016 de Jóvenes y Memoria, construyen la agenda de la democracia: visibilizan para denunciar, denuncian para reclamar, conocen para intervenir. En una pared del Hotel 8 del complejo Chapadmalal alguien escribió: “Los jóvenes somos el presente”. En cada trabajo, los jóvenes asumen ese compromiso político con la democracia.

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