Sábado 3 de Dic de 2016 | 3:42 |

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De poetas y danzas

ESCRIBE ALEJANDRO D. GATTI $datos[

Como no me es posible exclamar en voz alta todos los atributos que provienen de los flechazos envenenados de gracia que recibe mi Alma, es que me dedico a las tintas y a embriagar al sediento papel.

Cuando el Arquero echa su mirada sobre el blanco de mi centro, tiemblo, pero lo hago por temor a que falle. En ocasiones me cuestiono: ¿Si tan sólo soy un átomo de éter en la inmensidad del cosmos, cómo es posible que sus bondades me tengan en cuenta? Pero más tarde reflexiono: ¿Será porque soy la diana y también el Arquero en la comunión de un oportuno disparo?

 

Pero incluso en esta interrogante certeza, en ocasiones me embarga el arrebato. Cuando la desgracia exprime mi pecho, mis ojos derraman lágrimas por doquier y, a pesar de que el viento revela secretos a mi oído interno, mis pies se entierran en el fango del mundo, cuando la sorpresa y la soledad son abrazadas por el desasosiego de aquel que no soy. ¿Qué es lo que hago en esta existencia, sino balancearme en su péndulo de extremo a extremo?

 

Y luego, en el reclamo incesante de los silencios de mi propio recuerdo, me “despega” del estado de asombro y fascinación una sola chispa del fuego de la Presencia. ¿Quién es capaz de encontrar su propio Sol cuando se niega a sí mismo la reflexión y la confianza?

 

Si ves acaso las nubes teñir de gris el día, ¿ello implica que el cielo se ha perturbado en su carácter? No confundas la saciedad de un plato delicioso con el fin definitivo del hambre… Aquel que ha quedado prendado en la estrechez de lo relativo no es capaz de comprender que la noche no es más que la sombra de la esfera danzante que pisa. Porque cuando el ojo dorado mira al Oriente, no se cierra al Occidente, sino que lo ve a través del espejo de la Luna.

 

Así, tanto el creyente como el incrédulo, ambos están equivocados. Afirmar que uno existe por el sólo hecho de la presencia es tan nefasto como sentenciar que uno desaparece por el simple hecho de la muerte. ¿Cómo podría la misma moneda ser utilizada para pagar dos veces? ¿Ves cómo el balanceo del péndulo ha hipnotizado tus ojos?

 

Para comprender lo que dicen estas palabras no tienes que utilizar tus sentidos. ¿Cómo podría la zaranda de maíz retener harina?  Si el tamiz que utilizas está defectuoso, no hay nada que yo pueda hacer por ti. Cuando el ojo que mira esta velado, la imagen de la palabra se escabulle por los blancos de los costados. ¡Pobre de aquel que espera el momento preciso para capturar su imagen, cuando aún no ha encendido su cámara!

 

Si las puertas y ventanas de tu casa están cerradas, no esperes que circule aire, ni que entre luz. Los hay quienes, aun en esta necedad, se quejan de la húmeda oscuridad. ¿Será tan sólo que aun descansas en el umbral de la Vida, en peor caso, será que ignoras que sólo tú tienes las llaves de esta casa?

 

A través de Alejandro D. Gatti  

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