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17 de Octubre: Día de la Lealtad Peronista

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El 17 de octubre se conmemora El Día de la Lealtad, en homenaje a la gesta popular que ese día del año 1945 rescató a Juan Perón del ostracismo en el cual pretendía sumergirlo el establishment y que generó las condiciones para que se candidateara a la presidencia de la Nación, ganara las elecciones el 24 de febrero de 1946 y asumiera la primera magistratura el 4 de junio del mismo año.

Por Oscar Cuartango, ex ministro de Trabajo de la provincia de Buenos Aires 
 


Evocando la gesta del 17 de octubre de 1945, reconocemos que Juan Domingo Perón fue el primero en institucionalizar la cuestión social en nuestro país. 

Para  comprender este hecho crucial en la historia de la Argentina se torna necesario recordar que hasta el advenimiento de Perón a la escena política, las distintas vertientes sindicales respondían a ideologías anarquistas o marxistas fuertemente influenciadas por la inmigración europea.

En ese contexto  prevaleció la postura anarco sindicalista, graficada acabadamente en el Pacto de Solidaridad aprobado en el IV Congreso realizado en julio de 1904 donde, se especifica con claridad meridiana la postura anarquista:  “nuestra organización, puramente económica, es distinta y opuesta a la de todos los partidos políticos burgueses y políticos obreros, puesto que así como ellos se organizan para la conquista del poder político, nosotros nos organizamos para que los estados políticos y jurídicos actualmente existentes, queden reducidos a funciones meramente económicas, estableciéndose en su lugar una libre federación de libres asociaciones de productores libres”. Esta postura anarquista, no aspira a alcanzar el control del Estado,  sea en forma definitiva o transitoria, sea por medios legales o ilegales, sino que, por el contrario, persigue su eliminación.

Dicho posicionamiento ideológico, implicó rechazó el proyecto de Ley Nacional del Trabajo impulsado por Joaquín V. González, ya que su ideario anarquista le impedía aceptar cualquier reforma o proyecto legislativo emanado del Estado, aún cuando el mismo fuera beneficioso para los trabajadores. De ese proyecto solo prosperó la iniciativa de crear la Dirección Nacional de Relaciones del Trabajo, con funciones muy limitadas.

Tendrían que pasar casi 40 años para que un joven y visionario Coronel del ejército argentino, solicitara hacerse cargo de la, hasta ese entonces, poco conocida Dirección Nacional de Relaciones del Trabajo, para elevarla al rango de Secretaría de Trabajo y Previsión Social y desde esa área de gobierno comenzar a elaborar el proyecto político más trascendente de todo el devenir histórico de nuestra patria hasta la actualidad. Para ello Juan Domingo Perón implementó una alianza estratégica con importantes sectores sindicales y creó un movimiento nacional y popular policlasista, con un fuerte énfasis en el accionar estatal para articular los conflictos entre el capital y el trabajo.

En ese aspecto, compartimos la definición de ese gran  pensador platense que fue John Wiliam Cooke quien sostuvo que: “el peronismo fue el más alto nivel de conciencia al que llegó la clase trabajadora argentina” (Cooke, John Wiliam. (1967) “La Revolución y El  Peronismo”  en La Lucha por la Liberación Nacional)

En sentido  coincidente es oportuno recordar a un sindicalista y Gobernador electo de la provincia de Buenos Aires ya fallecido, Andrés Framini, quién relató que siempre había sido obrero, no tenía vacaciones, trabajaba más de 10 horas y el patrón o capataz le pagaba lo que quería y cuando quería. Entonces había asumido que su papel en la sociedad era ser obrero. Hasta que, “llegó Perón y me dijo: usted no es un obrero, es un obrero explotado” y aprendió a ejercer sus derechos, así como ocurrió con él, Perón creó nuevos modos de conciencia política en miles de argentinos.

La importancia del movimiento fundado por Juan Perón, se grafica teniendo presente que fue contemporáneo de dirigentes de la talla de Roosvelt, De Gaulle, Churchill, Stalin, entre otros, pero existe con ellos una gran diferencia: ninguno de ellos dejó tras su desaparición física un movimiento político con la vigencia y el poder de gobierno del peronismo.

Por todo esto muchos consideran al 17 de Octubre como el hecho revolucionario más importante de nuestra patria, equiparándolo a la toma de la Bastilla, en Francia.

El cambio de paradigma se concretó a partir del 4 de junio de 1943, hasta el 17 de octubre de 1945, se institucionalizó electoralmente el 24 de febrero de 1946 con la consagración de la formula Perón Quijano, para presidir los destinos del país y se mantuvo  el cambio y la institucionalidad hasta el 16 de setiembre de 1955, fecha en que la mal autodenominada “Revolución Libertadora”, le puso fin, dando comienzo a un período de represión, proscripción  y persecución a la clase trabajadora, a los sectores populares y a sus dirigentes.

Desde esa fecha el Partido Peronista, su líder, Juan Perón y dirigentes del sector, estuvieron proscriptos, salvo el breve interregno de 1973 al 24 de marzo de 1976 en que Perón regresa a su patria, es consagrado Presidente por tercera vez y fallece ejerciendo esa presidencia, a partir del 24 de marzo, esa irregularidad institucional que sumió a nuestro país en la más salvaje y desalmada represión de nuestra historia, se mantuvo hasta  el 10 de diciembre de 1983 en que Raúl Alfonsín asume  la Presidencia de la Nación, dando así comienzo a un período de continuidad institucional que llega hasta nuestros días.

Este año, arribamos al 17 de octubre  en un escenario agorero para los asalariados y demás sectores populares.

Por primera vez desde la sanción de la Ley Saenz Peña, llegó al poder legitimado por el voto popular, un gobierno que adscribe al liberalismo económico, abre la entrada de productos importados y deja librada la suerte de la producción y el empleo  a los avatares del mercado, con la consiguiente pérdida de puestos de trabajo, el crecimiento de la desocupación, la pobreza y la pérdida del poder adquisitivo de los sectores populares.

Como ya expresáramos al referirnos a la conmemoración del 1ero. De Mayo, conmemoramos  El Día de la Lealtad en medio de un círculo vicioso en el cual, la pérdida de puestos de trabajo y la reducción del poder adquisitivo de los salarios reducirán la actividad económica y el consumo interno y ello producirá efectos recesivos que generarán la pérdida de más puestos de trabajo y de profundización de la recesión.

Y reiteramos, como lo hiciéramos en esa oportunidad, que para salir de ese esquema perverso, es necesario dejar de lado falsos fundamentalismos e individualismos, priorizar el interés general por sobre los intereses sectoriales, asumir autocríticamente la derrota y el peronismo tiene que recuperar su capacidad de síntesis de las ideas políticas nacionales y populares de los radicales de Yrigoyen, Larralde y Alfonsin, las socialistas de Palacios y Juan B. Justo, las demócrata progresistas de De La Torre y Luciano Molina, las desarrollistas de Frondizi, las socialprogresistas del Frente Grande y de los movimientos de la economía social y convocar a las fuerzas políticas y de la producción y el trabajo a integrar un frente que ponga límite a esta escalada neoliberal y encamine al país en la senda del  crecimiento con desarrollo y equidad, haciendo un país viable para todos y erradicando definitivamente la pobreza.

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