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Tirar mierda

OPINIÓN $datos[

El escatológico “disuasivo” con el que el inclasificable “dirigente” Jorge “Mono” Lezica empañó la fiesta “onda conurbano” que en el Municipio se celebró este viernes, aparece como el corolario del insólito accionar de un grupo que ha hecho del agite, su nutriente de supervivencia.

Por Mariano López Guerrero

No habrá en estas líneas una defensa al Subsecretario José Denisio, quien de todas maneras, al que suscribe le parece un funcionario correcto, con un trato amable hacia la prensa y, hasta dónde uno sabe, también con el resto de la ciudadanía.

El baldecito de pis y caca que Lezica guardaba en las alforjas de la desvergüenza para ponerle el moñito a otra mañana bochornosa de su agrupación, podría haber bañado a cualquiera que hubiera intentado hacerles entender que la cosa no es así. Que no hay tal revolución. O al menos, la revolución se hace sin payasadas. Y sobre todo, sin verso.


Lezica se sinceró y reclamó “dos camionetas con alimentos que el Municipio nos tiene que dar”.

Ahí está la cosa. En la mamadera gratuita de la que nadie quiere desprenderse frente al angustiante escenario de tener que aflojar al chamuyo del amparo a los humildes que estas agrupaciones dicen brindar. Frente al siempre reconfortante discurso socialista de guitarra, decenas de “dirigentes” dizque “sociales”, han encontrado la breva inagotable de la teta del Estado, que les permite, sobre todo, vivir sin tener que fichar de 9 a 5.

Lezica y la señora Altamirano suponen (supongo), que la curiosa mirada pasiva que les permite hacer lo que quieren con la ciudad y sus instituciones, tiene paciencia infinita. Tal vez.

Como sea, mientras Lezica y Altamirano tiraban mierda, enfrente, o al lado, trabajadores de a de veras reclamaban algo que consideran justo por su labor (con razón o sin ella, es opinable). Pero el asunto, es que mientras por todos lados cientos y miles de laburantes tienen que salir a la calle a reclamar el mango, en ocasiones, deben correrse y hacer lugar en la vereda, al pataleo voraz de “dirigentes” de actividad incomprobable, como el caso de algunas cooperativas textiles que pululan por allí.

Así, parece que el manual antisistema en la serranía lugareña, incluye, además de tomar organismos públicos nacionales, impedir el funcionamiento del Concejo Deliberante, crear cooperativas para recibir subsidios y ocupar organizadamente tierras, con autos de alta gama y chicos de menos de 18 años que ya quieren la casa propia; la inimaginable maniobra revolucionaria, de juntar soretes para jugar al carnaval.

Y bueno..., es lo que hay.

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