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Lunes 19 de Noviembre de 2018 | 17:47 |

¿Evolucionan las Leyes de la Naturaleza?

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Cuando nos referimos a las Leyes de la Naturaleza debemos comprender que estamos haciendo mención a la influencia invisible e intangible de Leyes supuestamente eternas, que incluso existían desde antes que el hombre fuera parte de la Naturaleza. 

Existe una preexistente independencia de las Leyes de la Naturaleza en relación a las cosas sobre las que rigen. Esto es tan fundamentan y necesario de comprender que su ignorancia atraviesa el juicio científico llevándolo al límite de la irresponsabilidad.

 

La preexistencia de estas Leyes Fundamentales no solo puede verse en la operatoria que tienen sobre determinado proceso evolutivo, sino que se da por fuera de él. Por este motivo una proliferación celular en un organismo vivo en Argentina no puede ser regida por las leyes locales de ese país. Es decir que las Leyes Naturales se aplican a todo el planeta. Esto, aunque parezca una sonsera, debe ser comprendido muy bien, pues es la base de lo que veremos a continuación.

 

Igualmente es válido aclarar que la idea de que las Leyes de la Naturaleza son eternas e inmutables también está asociada a la idea de un Dios omnipresente. La pregunta que me surge ahora es: ¿En un Universo en constante evolución, es posible que las Leyes que lo rigen no evolucionen también? Por otra parte, si habláramos de Leyes preestablecidas,  ¿preestablecidas por quién? Si estas Leyes no han estado en la mente humana, sin duda provienen de antepasados muy arcaicos, aunque no sabemos si existían antes de ellos.

 

Asimismo si nadie creó estas leyes, ¿podrían los hábitos darles vida y volverlas inmutables? En esto de los hábitos hablamos también de evolución, aunque puede asociarse a un hábito como estático fácilmente. Sin embargo el hábito es aquello que se configura a través de los mecanismos de adaptación y re-adaptación, sostenidos durante el tiempo y que, sin más, contribuyen a la evolución propia de cada especie. Aquí caemos otra vez en la duda de la preexistente eternidad de Leyes sin legisladores o de la fuerza de los hábitos como forjadores de Leyes Naturales (Comportamientos aprehendidos para la supervivencia).

 

Sabemos que los organismos biológicos poseen en su interior una especie de “memoria”. El desarrollo embrionario, que replica el modelo filogenético de la evolución de las especies, respeta determinados patrones repetitivos de sus antepasados más remotos. Así se ha dicho antes que la materia que puede recordar es la que está viva y la materia que no puede recordar está muerta (Samuel Butle – Life and Habit). Es decir que sin la suposición de que todos los átomos o partículas subatómicas (Antepasado más arcaico del hombre) tienen memoria, no podríamos hablar de la vida  ni de la evolución.

 

Recordemos esta imagen del desarrollo embrionario que, en su proceso, pasa por las formas más remotamente arcaicas ancestrales:

 

 

De acuerdo a esta realidad biológica se estipuló que “la herencia es una forma de memoria orgánica inconsciente”. A pesar de que no puede saberse con estricta precisión científica el “cómo” de este desarrollo embrionario, lo que sí podemos estar seguros es que dista radicalmente de cualquier teoría mecanicista enmarcada en modelos convencionales.

 

Afirmaríamos entonces que los organismos vivos “heredan genes” de sus antepasados, y también heredan otras cosas, como sabemos por el Dr. Hamer, Programas Biológicos de Supervivencia (SBS’s) y también cierta información invisible subyacente morfogenética que está resonando en el campo de desarrollo de estos organismos, según las investigaciones de Rupert Sheldrake. Así de lo que hablamos es de una síntesis muy abreviada, pero rigurosamente perfeccionada, de un proceso evolutivo de millones de años, de una sintetización emergente como causa de una constante evolución adaptativa. Esto sin duda nos genera el planteamiento de la necedad del juicio de la mente humana ante los procesos orgánicos y conductuales de los individuos. Veamos que, ante un plan mayor de tales dimensiones y ante un proceso evolutivo que brilla por su magnificencia, ¿qué valor podría tener una insignificante intención individual cuya pretensión es la de dictar sentencias?

 

Ahora, volviendo al proceso evolutivo, lo interesante es que esta sintetización no incluye solo la forma orgánica, sino también su conducta y comportamiento. Es decir que dentro de esta herencia se transmiten códigos que han resultado útiles para los antepasados y que funcionan como alertas y asistencias para los futuros.

 

Pareciera ser entonces que el campo conductual de estas herencias serían las llamadas Leyes Naturales. Una especie de red de comunicación, cuyos postulados universales se reciben por transmisión genética evolutiva, independientemente del contacto incluso con otros miembros de la especie. Rupert Sheldrake nos cuenta como una araña recién salida de su huevo puede tejer una telaraña perfectamente, aun en completo aislamiento.

 

Esto también nos llevaría a plantear algunos interrogantes entre los instintos y las conductas aprendidas, pero lo dejaremos para otra nota.

 

¿Son entonces las Leyes Naturales inmutable, eternas, fijas o evolutivas? ¿Puede el hombre limitar la comprensión de la salud y la enfermedad a meros procesos casuales y desafortunados, limitados a su pequeño mundo de realidad aparente? ¿Es la ciencia médica realmente ciencia cuando se excluyen irresponsablemente estas cuestiones trascendentales? ¿Tú qué opinas?

 

A través de Alejandro D. Gatti

 

 

Ref. Bibliográfica: La presencia del pasado – Rupert Sheldrake

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