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Domingo 30 de Abril de 2017 | 0:3 |

El saber y sus sinsabores

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Lo supe por primera vez cuando llegué a este mundo: Guau, ¿qué es esto? Abrí los ojos y un nuevo y asombroso escenario se presentaba ante mí... 

Hasta ese entonces sólo sabía de oscuridad y el sonido más presente era el del latido del corazón de mamá… Pero ahora todo era diferente, todo era motivo de asombro, todo era una nueva oportunidad para descubrir.

 

En mi niñez fui muy feliz. Vivía en el campo, en el pleno contacto con la naturaleza. Como todo niño de mi época en ese contexto, me fascinaba jugar con las piedras, con las flores, con los árboles y sus ramas y con los animales. Mi pasión eran los caballos, y lo siguen siendo.

 

Me acuerdo de mi primer caballo, Gargantilla, con el que teníamos una gran conexión. Con él compartí muchas aventuras hasta que murió tras una mordedura de serpiente (nunca me olvidaré del dolor que eso me causó). Me imaginé siendo “El Zorro” montándolo, aunque ni siquiera era negro, pero eso no importaba.  Yo tenía mi capa hecha con una bolsa de nylon e hilo para atarla al cuello, mi antifaz que me había diseñado papá con un trozo viejo de cámara de bicicleta y mi espada, por supuesto, hecha con una rama de eucaliptus y una empuñadura de más cámara de bicicleta. ¡Qué más podía pedir!

 

Además siempre estaba inventado algo con los regalos de la naturaleza. Cada día era un nuevo regalo, un regalo para incrementar mi colección de fascinación y asombro. Me sentía plenamente feliz. Pero poco a poco fui creciendo y tuve que ir incorporando otras cosas a mi vida, como por ejemplo el conocimiento.

 

Mis primeros años de escuela fueron duros, ya tuve que ir a la cuidad durante las semana, dejar aquella fuente inagotable de asombro y pasar a incorporar saberes. Creo que allí comenzó mi pérdida de fascinación. No es que la escuela fuera el problema, no del todo, simplemente que no se respetaba allí quien yo era. A nadie le interesaban cuáles eran mis motivaciones ni mis sueños. Poco a poco fue ocupando lugar el saber, un saber impuesto que iba colmando mi copa.

 

La velocidad con la que pasó el tiempo fue increíble. Cuando me di cuenta me encontré aquí, hoy, escribiendo estas líneas. ¿Qué ha pasado en este tiempo? ¿Quién soy? ¿Hacia dónde voy? ¿Qué busco? ¿Qué es la vida? Son miles las preguntas que surgen pero pocas veces encuentro una respuesta que me guste del todo… Mantengo siempre una duda latente, creo que es eso lo que me inspira a indagar más… Es que tan poco espacio para el asombro he dejado disponible. El saber me colma cada día, y siento que me invita, que me llama. No me disgusta pero, ¿me sacia? A veces creo que no puedo parar. ¿Adónde voy? – Otra vez me pregunto –

 

Es aquí donde siento la tremenda pulsión de volver a ser como el niño que fui. No de volver a ser niño, sino como el niño. Ese como es trascendental. Es en este momento cuando el asombro y la fascinación me hablan, como una voz lejana y susurrante que emerge desde un pozo ciego en lo profundo de mi Ser: “¡Aquí estamos! ¡Ven! ¡Ven!” Y voy, ansioso al reencuentro, con ellos.

 

Lo que me ha impregnado en aquella infancia dorada, sin dudas el lugar, el tiempo y la gente, el entorno, aquello es lo que anhelo. Y vuelvo feliz, con la sonrisa en el rostro, y otra vez soy como ese niño. Así me olvido del mundo por unos instantes, me deshago de un poco de saber en mi copa, le hago lugar al sabor de lo inexplicable, de las manifestaciones sublimes de la vida que aprecio en cada flor, en cada gota de rocío, en cada rayo de sol y en cada pupila de las miradas de quienes amo.

 

Me detengo un instante que dura una eternidad. Cerrando los ojos vuelvo fabricar mi capa y mi antifaz y mi espada. En el imaginario de mis días pasados, regreso y otra vez soy como ese que no tenía preocupaciones. Ya se ha dicho que el recuerdo es una forma de encuentro.

 

He de tener presente siempre que para beber del pozo fresco de la sabiduría de la Vida, debo recordar quien soy a cada instante, debo comprender que el sentido profundo de la existencia no está en acumular saberes, sino sabores, sentires. ¿Cómo podré percibir la Vida si he atrofiado mis sentidos con las mil manifestaciones de este mundo alocado del aparentar ser?

 

Pronto, muy pronto llegaré ese día en el que pueda vaciar mi copa completamente y volver al útero de la Vida, despojado de todo lo que creo ser, disponible para que el asombro me elija nuevamente como compañero de camino a tiempo completo.

 

¿Y tú? ¿Te has contado tu propia historia?

 

A través de Alejandro D. Gatti

 

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