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Lunes 19 de Noviembre de 2018 | 16:28 |

La enfermedad es otra cosa

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Algo saturado de ver anuncios y notas sobre “el día mundial de…” o “semana de prevención de…”, me pregunté con sinceridad: ¿Qué es la enfermedad? 

[img]Algo saturado de ver anuncios y notas sobre “el día mundial de…” o “semana de prevención de…”, me pregunté con sinceridad: ¿Qué es la enfermedad? Parece como si para cada día del año fuera necesario encontrarle una enfermedad… Si seguimos así no nos alcanza el calendario.

No entiendo por qué nadie nos ha enseñado aún a ser los auténticos generadores de nuestra propia medicina, en lugar de tener que someternos constantemente al bombardeo de los pronósticos y al universo de las probabilidades. Porque cuando el ser humano encuentra su propio centro, muchas veces a causa de las “enfermedades”, tiene una oportunidad genuina de comprender. Más aún, cuando “enferma” está atravesando, generalmente, un proceso de restauración, utilizando los recursos energéticos del organismo para la reparación.

Sin embargo el feroz ataque de un sistema de salud que intenta justificarlo todo con la falsa idea de la enfermedad como malfuncionamiento o malignidad, nos hace sucumbir, y desistimos al fin de la innata capacidad de auto curación que la naturaleza nos ha otorgado. La enfermedad es otra cosa.

En relación a una necesidad concreta de readaptación nuestro organismo efectúa cambios funcionales, disparados automáticamente como respuesta a un shock inesperado que nos toma desprevenidos y que vivimos intensamente. Sabemos por los descubrimientos científicos del Dr. Hamer que “enfermar” no tiene absolutamente nada que ver con la idea de que algo anda mal. De hecho es responsabilidad exclusiva del paciente cada fase del proceso que atraviesa, ya que determinados sucesos agudos y traumáticos vividos intensamente, son los “disparadores” de un programa de la naturaleza cuya finalidad es la de “asistir” a la persona en la búsqueda de una solución.

Increíblemente a más de 2400 años de que Hipócrates “fundara la medicina”, aún el objeto de la medicina sigue siendo la enfermedad y no el hombre. Esta es la principal equivocación del actual sistema de salud. Existen conductas en el ser humano  que no son más que reminiscencias de la “memoria evolutiva” que se encuentra aún gravada en el cerebro. Hace cien millones de años se presume que el ser vivo emergió del agua, pasando de anfibio a reptil. Fue ésta una de las crisis de supervivencia más fuertes, lo que generó una serie de readaptaciones necesarias para evolucionar. Hoy aun respondemos igual ante posibles amenazas a la supervivencia.

La idea de que se estudie a las enfermedades desde el hecho y no desde el derecho, hace que se continúe eludiendo el sistema causal. Parece resultar más importante justificarlo todo intentando que ciertos cambios funcionales orgánicos encajen en un determinado protocolo, que intentar comprender en profundidad lo que en verdad es un “sistema orgánico viviente”. La evolución de millones de años no es entendida y es entonces cuando vemos como la medicina  estudia úlceras, necrosis, tumores e infecciones como un objeto, limitándose a eliminar las bacterias, quemando tumores e irradiando necrosis.

Si en verdad queremos saber lo que nos pasa cuando enfermamos, en necesario interpretar la enfermedad como un programa que la Naturaleza ha grabado en nuestro cerebro  para poder resolver un trauma o conflicto, que puede ser individual o social, y que afecta nuestra supervivencia. Toda “enfermedad” es ontogénica, pues procede de la historia evolutiva del ser humano. ¿Cómo podría la Naturaleza funcionar a través del error o de la malignidad, cuando nunca hemos dejado de evolucionar? Sin dudas no existen posibilidades reales de curación si no se aprende a vivir desde la comprensión.

A través de Alejandro D. Gatti

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