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Lunes 19 de Noviembre de 2018 | 17:3 |

En eterna primavera

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La mente mora en lo temporario (principio de incertidumbre). El corazón mora en lo eterno (principio de certeza). Para el verdadero conocedor, el sonido de un solo latido es más valioso que el parloteo de las mil palabras.

[img]La mente mora en lo temporario (principio de incertidumbre).

El corazón mora en lo eterno (principio de certeza).

Para el verdadero conocedor, el sonido de un solo latido es más valioso que el parloteo de las mil palabras.

Cuando la guillotina del tiempo demande tu cabeza, ¿qué harás con las agujas del reloj?

¿Acaso no comprendes que tu esperanza en el mañana es la aniquilación de la Presencia?

Y si por caso desafías esta sentencia y decides viajar más allá de tu propio aliento, ¡prepárate!

¡Quien se aparta de su centro (corazón), es una especie de zombi que “vive” más prendado del mecánico tic tac que de su propio latir.

Por eso te digo:

Ama el Amante al Amor, más que al objeto que lo enamora, y es así como se vuelve uno en Totalidad.

Desea el Hipócrita los Placeres, más que al objeto de su deseo, y es así como se convierte en muchos, en constante insatisfacción de sus yoes.

Es la multiplicidad el ropaje de la mente.

Es la unidad el anhelo que alberga el corazón.

¿Qué clase de necio se cubre el rostro con tantos velos como desea la mente, ignorando por completo el jardín florido de su corazón en eterna primavera?

Porque el regalo del aliento es como el sol en primavera, como el canto de los pájaros al oído de la existencia. Cuando los brotes de la Conciencia emergen de las ramas secas de la desesperanza, la posibilidad de la flor deja de ser un mañana para el viento que espera ansioso ser embriagado por su perfume.

Es así como la naturaleza de la Naturaleza danza en sincronía con los sueños de los hombres cuya presencia fértil poliniza la flor de la Vida. ¿Y qué es una flor fecunda, sino el germen de la semilla que antecede al fruto que vendrá?

Sumérgete en la danza de la eterna primavera, donde todos tus alientos son tenidos en cuenta por el viento, donde todos tus latidos son tambores que acompasan el llamado cósmico a la completa fusión. ¿No ves acaso que el instante que te contiene, pende del hilo invisible del incesante vaivén de tu respiración?

A través de Alejandro D. Gatti

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