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Domingo 30 de Abril de 2017 | 0:5 |

El zoológico subterráneo: un aliado en la sustentabilidad de los suelos

CONGRESO DE AAPRESID $datos[

El simposio que abrió el XXIV Congreso de Aapresid “ResiliAR”, estuvo dedicado a un nuevo paradigma en el manejo del suelo que propone poner el foco en la diversidad de microorganismos que habitan bajo tierra. 

 ¿Cómo sacar provecho de esta microscópica fauna?
El XXIV Congreso de Aapresid “Resiliar” abrió con el simposio “De la biología y el funcionamiento del suelo”, una interesante exposición a cargo de destacados investigadores que, en líneas generales, tuvo como eje central acercar a los productores una mirada superadora sobre el manejo de los suelos con el foco puesto en el conocimiento y aprovechamiento de la diversidad de los microorganismos que actúan en ellos.

“La biología del suelo es un flujo, es una transformación de la energía”, dijo, a modo de lema introductorio Luis Wall (doctor en Ciencias Bioquímicas del CONICET), quien hizo una reseña del complejo proceso que las diversas comunidades de microorganismos realizan bajo la superficie de la tierra. Al referirse a la importancia que el manejo de este universo de bacterias tiene para la sustentabilidad y el rendimiento de los lotes, Wall precisó: “En un gramo de suelo hay 10 mil millones de bacterias que hacen funcionar el suelo, ciclan el suelo transforman la materia prima en producción, que es lo que luego llega al bolsillo”.

Para cerrar su concepto, remarcó que el suelo no es un soporte para que las plantas crezcan –“no funciona como un florero”, y que la riqueza del suelo está en función de la riqueza de la biología expresándose en él.

Tras esa breve introducción, Camilo Bedano (doctor en Ciencias Biológicas del CONICET) caracterizó a 3 grupos de microorganismos: los que participan en la transformación de la hojarasca que queda en la superficie del suelo; los que ingenieros de ecosistema; y por último, los predadores. Al detenerse en éste último grupo explicó que son los que regulan la población de los otros organismos. Apoyado en gráficos expuestos en una pantalla gigante, Bedano explicó el modo en que actúan cada uno de esos grupos y consideró el conocimiento de esos procesos para ser considerados en el manejo de los suelos que haga el productor. Para eso, expuso los avances investigativos alcanzados mediante la experiencia en suelos de la región pampeana en el marco del proyecto BIOSPAS.

 

Ese estudio se basó en la fauna del suelo y los procesos biológicos en su estructura en lotes trabajados con siembra directa con buenas prácticas agrícolas. La conclusión fue que las buenas prácticas aumentan la abundancia de lombrices y otros grupos de organismos que participan en la descomposición de desechos orgánicos claves, y que este cambio significativo se produce tanto en suelos arenosos como arcillosos.

Bedano explicó cómo el productor puede beneficiarse con el incremento de las comunidades de descomponedores que traen aparejadas las buenas prácticas. Y lo hizo con una sentencia que, en principio, pareció contradictoria: “La siembra directa no puede funcionar sin labranza”, dijo, y agregó que se refería a la “lombrilabranza“, una actividad para aprovechar la beneficiosa labor de las lombrices en el suelo. “Las buenas prácticas agrícolas aseguran el aumento de lombrices, que aportan más agregados biogénicos que mejoran la estructura del suelo”, apuntó.

Asimismo, refirió que en base a estudios realizados en diversos campos observaron que a medida que se intensifica la rotación de cultivos crecen en número la cantidad de grupos de microorganismos al tiempo que surgen nuevos. Bedano dijo que el principal desafío que existe en el campo científico es conocer cómo operan los procesos en el suelo, que se desconoce cómo intervienen allí las lombrices “No sabemos qué tipo de lombrices producen agregados ni la contribución de cada especie según los alimentos que incorporan. Las interacciones biológicas en el suelo son muy importantes y queremos avanzar en su conocimiento”, aseguró.

Por último se dirigió especialmente a los productores agrícolas para explicar el beneficio que reporta aplicar estas prácticas para lograr la sustentabilidad de los campos. “Una comunidad faunística diversa, activa, saludable, no asegura un rinde alto”, reconoció. “Pero es importante considerar los manejos biológicos del suelo, intensificar las rotaciones, tener al suelo funcionando con procesos biológicos que mantengan la fertilidad, aunque no nos aseguren un incremento de rinde en el corto plazo”, concluyó.

Por su parte, la última exposición, a cargo de Leonardo Erijman (doctor en Ciencias Biológicas del CONICET) tuvo como lema las rotaciones desde una perspectiva bacteriana y se apoyó en los estudios realizados en el marco del proyecto BIOSPAS sobre la participación de las bacterias en el funcionamiento del proceso biológico de los suelos. Erijman subrayó el aporte que la investigación puede hacer al productor desde el conocimiento del manejo de los ecosistemas, y cómo influye la intervención que se haga en ellos.

En cuanto a la relación entre la composición de microorganismos y el funcionamiento de un sistema, recordó que hay factores como que influyen en la presencia de algunas especies y no de otras. A modo de ejemplo citó que el tipo de suelo, la materia orgánica en calidad y cantidad, el PH, la salinidad, o los nutrientes, afectan la estructura de la comunidad microbiana. En los últimos años, el desarrollo de la ecología microbiana como herramienta teórica permitió poner el foco en las estructuras y en el modo en que interactúan con el medioambiente para sacar conclusiones sobre su funcionamiento. De la mano de muestreos se determinó que las malas prácticas agrícolas producen una homogenización biótica.

“En monocultivos las comunidades totales se homogenizan, son muy parecidas entre sí, y se observa una pérdida significativa de especies. Cuando se restringe la alimentación por monocultivo, hay perdida de diversidad, lo que reduce los procesos biológicos el suelo a largo plazo”, explicó. Para concluir, Erijman afirmó que la riqueza bacteriana está relacionada con la diversidad de sustrato, algo que aportan las buenas prácticas agrícolas.

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